Y de pronto es sábado.
Hora de partir.
Los pasos son cortos, fríos,
Los pasos son cortos, fríos,
como la ceniza que no supo renacer.
El viento me sospecha y quedo en evidencia.
Una suerte de auto sabotaje, la manzana oxidada,
y el hormiguero revolucionado de abajo hacia arriba.
Júpiter nos mira escondido tras sus lunas,
y reflejando su miseria en mí, Calisto.
Hace un rato que ya no vendo mi sombra en tus orillas.
Hace un rato que ya no muero a manos del tiempo.
Tibieza ancestral, ruptura milenaria sobre Europa,
la desconsolada brisa de un amanecer rojo y distante,
estremecido de ida y de vuelta,
con la rítmica de las mareas;
las nubes avanzan frágiles, tranquilas y mudas.
Y de pronto es sábado.
Ganímedes lo sabe.
El tenue y fugaz misterio de un espectro
que pierde el equilibrio y su lugar en la carta astral.
Ramificado en la espera, no hay rescate que valga.
Mis precipitaciones estiran el vacío.
Lleno la mitad del vaso que falta.
Probablemente, a la tarde lluevan eclipses.
La tierra, el fuego, el agua,
y un cierto magnetismo lunar
le permiten, por un breve lapso, a Ío
reflejar su oscura visión en tu ventana
que, abierta de par en par, no pierde el tiempo,
incitándome a pasar.